Fue creado en 1982 y dirigido por el reconocido Biólogo Venezolano Dr. José Vicente Scorza. Este Instituto se dedica al estudio de la estructura ecológica-social y al control de endemias metaxénicas de origen parasitario del medio rural venezolano.

Por hallarse enfrentado directo e inmediatamente con graves problemas de salud pública como la Leishmaniasis, Malaria, Chagas, Encefalitis Equina, Dengue, Parasitosis Intestinal, Ectoparásitos (sarna, piojos), investiga in situ, en el seno de las comunidades, desde el punto de vista geográfico, climático, biótico las relaciones con la demografía y sus problemas económicos, el desarrollo actual, los factores que condicionan tales endemias silentes o manifestadas.


martes, 16 de septiembre de 2014

ASOESCOM


Surge como iniciativa de los integrantes de la III Cohorte de la Especialización considerando que en la mayoría de los casos los egresados pierden contacto institucional y de equipo, el propósito es dar continuidad a las actividades orientadas en la Promoción de la Salud reconociendo las fortalezas existentes, el enlace institucional y comunitario.

La Asociación sin fines de lucro tiene como visión que los ciudadanos logren un estilo de vida saludable, con criterio ambientalista, equilibrio emocional, capaces de participar en su entorno con sentido de pertenencia, su misión se concreta en promocionar la salud de forma holística en función de mejorar la calidad de vida en las comunidades.

Contactos:
facebook: Asoescom NURR

Dirección: Instituto Experimental "José Witremundo Torrealba".
Av. Isaias Medina Angarita. Sede Casa Carmona. ULA-NURR. Trujillo, Venezuela

miércoles, 19 de febrero de 2014

Discurso


En representación de los profesores del Iniciado Programa Premio Estímulo al Investigador (PEI) del CDCHT


ENTORNO A LA PREMIACION DE LA PRODUCTIVIDAD
CIENTÍFICA EMERITENSE
Miércoles 10 de Diciembre de 1997
Aula Magna

José V. Scorza

Ha sido por la gentileza. Y benevolencia del Señor Vice-Rector Académico, Doctor Carlos Guillermo Cárdenas, que me hallo en este compromiso. Reafirmando que soy parte de una muestra docente que se ha acogido espontáneamente a la autoevaluación. Temo que no estemos todos, porque hay quienes consideran superflua esta ceremonia por cuanto, como docentes del estrato más alto y complejo de los planteles de enseñanza, -sin excepción - deberíamos dar al máximo para que nuestra docencia sea de la mejor calidad, la investigación más eficiente y más productiva la extensión, para nuestra prolongación en el entorno social y económico de la institución.
No obstante, sin eufemismos, aquí estamos integrando un tercio de la planta de los docentes a tiempo completo, percibiendo lo que nos pertenece por derecho, habida cuenta que la regalía que se concede a la Universidad como estímulo, procede de nuestro esfuerzo, dedicación y rendimiento comprobados.
Y llegados a este punto y ante la severa crisis de nuestras costosas casas de estudio, valdría hoy la pena introducir algún contrabando de buena calidad y sin malas intenciones.
Hace dos décadas, el Profesor Arnoldo Gabaldón, título que le otorgaron sus pares de Inglaterrra, Francia e Italia, el mismo que - en lo político - rechazó, en el decir del propio General Pérez Jiménez, la Presidencia de la Junta Militar de Gobierno en 1950 y el mismo que dio harta evidencia avanzado ya nuestro siglo, y a modo de epopeya de civismo venezolano, de cómo un pueblo ígnaro - sin bachilleres, ni doctores - nuestro pueblo, para la década del treinta, bien conducido, disciplinadamente conducido y ejemplarmente enseñado, pudo participar y desarrollar responsablemente la gesta de erradicar al paludismo y a la enfermedad de Chagas en 600.000 km2 y, pudo también llevar al campo un saneamiento domiciliar jamás igualado, y con ello, incrementar la esperanza de vida de nuestros conciudadanos. Ese hombre, como epílogo de sus reflexiones, nos dejó publicado un "Diagnóstico y Tratamiento de la Enfermedad de la Universidad Latinoamericana y de la Venezolana" en particular; obra excelente que a la primera lectura en fresca tinta, nos pareció inaceptable y reaccionaría - entonces la dolencia académica era apenas un quebranto - y, ahora a veinte años de epilepsias y catalepsias, nos parece una obra y propuesta increíblemente sensata y admitiblemente necesaria. El Dr. Gabaldón planteaba una indispensable evaluación institucional realizada por personal no comprometido con ella, ajeno a ella.
Este acto singular que hoy nos convoca, como a una significativa minoría, es una expresión de la necesidad de esa evaluación institucional. Sin eufemismos repito, aunque parezca pedante, la expresión y existencia de esta muestra debiera ser el comienzo para el tratamiento de la dolencia de una de nuestras instituciones que consumen más del 60% del gasto nacional en educación, gasto que no es despreciable en comparación con otros para servicios sociales indispensables en una sociedad organizada. Gabaldón exhibía, como pieza a descubrir, el cómo en estas instituciones nos despachamos, pagamos y nos damos el vuelto y vivimos siempre exigiendo y reclamando privilegios y prebendas que difícilmente justificamos... docentes y alumnos. Y no se nos aduzca, por favor, que un oficial del ejército gana mucho más que un académico o que el sueldo de un obrero petrolero es superior al de un instructor en cierne. Porque siendo docentes, y si de veras por convencimiento lo fuésemos, deberíamos sentar cátedra pública de austeridad y no actuar como necesitados sin causa, confundiendo nuestras necesidades personales con las de la institución o anteponiendo aquellas a la dotación de instrumentos de trabajo y de información a riesgo de ser afectados como se presume que hoy sucede, con la cancelación de nuestro tradicional aguinaldo. ¿Quién no ha dicho que en función de estudiantes, en ningún país del mundo - y eso lo sabemos - quienes hemos cursado estudios en el extranjero - no hayamos padecido el complejo de sabernos devengantes de montos de becas y de otros privilegios, que no poseían o disfrutaban nuestros profesores de allende.
Y continúo. También por alguna otra gentileza de mano amiga, me ha sido posible leer muy recientemente un espantoso código de 450 artículos con los que se pretende paliar - por no decir resolver - la crisis de nuestras instituciones superiores. En todo ese articulado no existe un sano interés evaluador; la palabra evaluación no aparece con significación alguna. Se la circunvala, circunviniéndola con un artículo N° 356, que la perenniza - como si esa supuesta existente evaluación fuese regular siquiera, identificándola con un llamado proceso de autoevaluación. Nos seguimos despachando y dando el vuelto.
Y en cuanto a la evaluación externa, la legítima, la que pudiera ocurrir con menor injerencia politiquera o grupal de tradicionales cacicazgos... el sabio legislador nos la otorga ad libitum; ella podrá ser realizada a solicitud subrayo Solicitud - ¿de quién, por quién?.
De paso, en estos días presurosos y para, un parto de montes, nos sorprende una autoevaluación gatopardista.
Importantes, muy importantes debieran ser, Señor Vice-Rector, los resultados de esta evaluación que en estos días se realiza ... para poder conocer, en el decir del legislador, cuáles serían nuestras fortalezas y debilidades y, oigamos bien, "para proponer acciones correctivas que permitan superar las debilidades"…!!
En estos días, y también por ejemplo, un Decano se ha opuesto al llamado a concurso de dos becarios del Plan II porque dice, que carecería de disponibilidad para el año 2000!. En cambio, este mismo funcionario se desvanece los sesos tratando de elevar desde 300 hasta 700, los millones de bolívares para ampliar un comedor universitario! Entre fortalecer un programa para el desarrollo de nuevas áreas y para remozamiento y crecimiento institucional, él antepone y apremia a la institución, comprometiéndola con programas sociales (de esto sabemos mucho en nuestro Sistema. Neoliberal) que bien pudieran ser problemas de las alcaldías del Ministerio de la Familia o del de la Juventud, pero nunca de la Universidad. Contraponer comedores universitarios al desarrollo institucional, aunque parezca racional en una sociedad electoral que escudriña votantes calculados, es una solemne barbaridad.
Y vuelvo al propuesto código académico a discutirse en el Congreso. Acepta, como si estuviera bien planteado, que el problema universitario se resuelve a punta de artículos de ley. Nos remite a unas "fundaciones" que proporcionarían recursos adicionales destinados a reforzar el cumplimiento de nuestras actividades académicas. Ya veo al Fondo de Financiamiento del Estado Trujillo, constituido para reforzar a la Universidad del Valle del Momboy y ya veo, a ésta, como la institución superior de la Entidad, para representarnos en el Consejo Nacional de Universidades ...porque una misma institución, léase ULA-Mérida y NURR-Trujillo, no pueden tener dos representantes o dos votos en ese organismo superior.
No continúo, no debo seguir comentando este engendro que reinsiste en exigir "un trabajo de ascenso" para avanzar por el escalafón universitario y nada, absolutamente nada aduce, para conculcar la repitencia y el estancamiento docente.
Y regreso de nuevo a este foro. Tenemos hoy en nuestras manos un valioso instrumento de lucha. Este "programa que premia la productividad científica", es una respuesta democrática y mas general y no por ello menos sería, que el de la Fundación del PPI, iniciado por CONICIT. Respondemos a un baremo que, como el del CONICIT no es perfecto y puede ser mejorado. Y no quiero caer en la diatriba de quién vale más, si la investigación social, humanística o artística, o la investigación en ciencias naturales, puras o aplicadas. El baremo, bueno o malo, nos clasifica. La media de esa puntuación es la media de una evaluación Institucional, sin ambages. Y como media, tiene sus cuartiles. Hay quien pudiera y puede, por su esfuerzo y mayor consagración, colocarse por encima del cuartil superior y hay también quienes estén, por razones a considerar, mas no para. aceptar de primera intención, por debajo del cuartil inferior. ¿Qué hacemos con estos?
Y me pregunto también ¿puede permanecer en el sistema quien por segunda vez se mantiene con una misma calificación mínima o aún peor, con menor calificación? Son interrogantes para las cuales debe haber alguna respuesta por parte de nuestros jerarcas académicos...
Y ya, para concluir, permítanme otro rato de desahogo. Mientras estuve en el exterior conocí excelentes investigadores, sobre todo en el lado anglosajón. Apenas, apenas digo  con todo convencimiento, sabían leer escribir en inglés. "Professor" tuve a quien debí traducirle al inglés textos en alemán de un protozoologo, Fritz Schaudinn, a otro debí leer en inglés, trozos de los "Tónicos de la Voluntad" de Cajal.
Para nosotros asomarnos a ese mundo de la literatura científica, por no decir literatura mundial, debemos leer instrumentalmente inglés, francés, alemán, italiano y portugués. El célebre biogeógrafo franco-latino enterrado en Coro, el doctor LEÓN CROIZAT CHANLEY, me criticaba acerbamente que,  escribiendo yo sobre Igor Oparin, no supiese leerlo en ruso! A mucha gente extranjera, interesada en hacer ciencia, repito mucho gente, debí leerles nuestros trabajos publicados en castellano...
Traigo esto a colación por el ya sacrosanto problema de las publicaciones en revistas indexadas, esto es, reconocidas por un sistema que, en la década del sesenta ideó el Señor Garnfield, editor de facsímiles de títulos de los índices de revistas, que convirtió - vía diez dólares por título - en el famoso Citation Index. Lo que entonces se pagaba con dólares, era tenido como de calidad y así quedó. El mundo científico occidental, con esta nueva política, no volvería a padecer el shock de aquel 14 de Octubre de 1957 cuando los científicos soviéticos, los que publicaban en ruso sin avergonzarse, pusieron en órbita al Sputnik, luego a la perra Leika que tanto dio que llorar a las Sociedades Protectoras de Animales y seguidamente a Yuri Gagarín. Ello condujo a las académicas manifestaciones estudiantiles de los institutos tecnológicos de Massachusetts y de California, cuando descubrieron que la información sobre los "transistors", lo que hiciera el milagro de comunicarnos con una pelota de 45 kg. que flotaba en el espacio, dotada de una planta generadora y de transmisores de alta frecuencia, había sido publicado en ruso en zhurnals, que yacían intocados en aquellas bibliotecas norteamericanas ... los profesores de ese entonces no leían ruso. ..Ahora imagino que lo será mucho menos...
Como consecuencia de lo anterior, la imposición aceptada como paradigma del escribir en inglés, sigue la de investigar en las líneas y temas que imponen las metrópolis. Nuestra producción científica, la que es relevante para nuestra problemática social y biológica, para poder tener valor científico, deberá ser evaluada por esos "pares" exóticos. Escribir nuestros resultados de esfuerzos científicos, los que atañen a nuestro entorno vital y en castellano, es esfuerzo para ignorarlo. Acá estamos y con esa vara nos medimos nosotros mismos, devaluando cuanto hacemos.
Discúlpenme, no entiendo; no puedo entender y compartir esa concepción, cuando somos un continente con una población hispanoparlante mayor que la francófona o germana. Si ellos, los franceses, italiano, lo hacen entre ellos, razones de política geográfica tendrán para imponerse también un signo monetario común. Y no ignoro la otra sacrosanta "globalización".
Una nación como la nuestra, o un conglomerado de naciones como las de nuestro Continente, que voluntariamente pierda su idioma o lo relegue en función de otro, de otros intereses hegemónicos, están expuestos a perderlo todo...
Atisbo, pienso, que tal exabrupto no durará mucho tiempo. Más temprano que tarde funcionará nuestro instituto de supervivencia y veremos revisada esa política editorial que nos degrada. Es todo. Gracias!

 Archivo Recuperado del Repositorio del IEJWT

jueves, 20 de junio de 2013

Comité de Bioética


Les invitamos para que un grupo de respresentantes: médicos, bioanalistas, enfermeras y personal que trabaje en Salud, dispuestos a formar parte de un Comité de Bioética nos envien la información para invitarlos a través de la Comisión Nacional de Bioética del Ministerio del Poder Popular para la Salud.
Los datos que se necesitan son:
Nombres y Apellidos, Cédula de identidad, teléfono y correo electrónico.
Pueden enviar la información a elinarojas@gmail.com